La enjambrazón es uno de los fenómenos más naturales de la apicultura, pero también uno de los que más preocupan a los apicultores. Cuando una colmena enjambra, una parte importante de la población —incluida la reina— abandona la colmena para formar una nueva colonia. Esto supone una pérdida de fuerza productiva y de rendimiento en miel, especialmente si ocurre en plena primavera.
En Asturias, donde las floraciones de brezo, castaño, zarza y pradera marcan el ritmo del colmenar, controlar la enjambrazón es fundamental para mantener colmenas fuertes y productivas.
Qué es la enjambrazón
La enjambrazón es el proceso natural mediante el cual una colonia de abejas se reproduce. Una parte de la colonia abandona la colmena junto con la reina vieja para establecerse en otro lugar y formar una nueva colonia.
Este proceso suele producirse en primavera o principios de verano, cuando la colmena está en pleno desarrollo poblacional.
Durante la enjambrazón:
- la reina vieja abandona la colmena
- aproximadamente la mitad de las abejas obreras se marchan con ella
- la colmena original queda con cría y nuevas celdas reales
Desde el punto de vista de la biología de las abejas es un proceso normal.
Desde el punto de vista del apicultor, supone una reducción drástica de la población y de la producción de miel.
Por qué enjambra una colmena
Las colmenas no enjambran por una única causa. Generalmente es una combinación de factores biológicos y ambientales.
- Saturación de población
Cuando la colmena alcanza una gran densidad de abejas y no dispone de suficiente espacio, aumenta la tendencia a la enjambrazón.
Esto ocurre especialmente en primavera, cuando la reina está en máxima puesta.
- Falta de espacio para la puesta
Si el nido de cría se bloquea con miel o polen, la reina pierde espacio disponible para continuar con la puesta de huevos. Esto suele ocurrir cuando las abejas almacenan grandes cantidades de néctar y polen en los cuadros cercanos al área de cría, ocupando las celdillas que normalmente se destinan al desarrollo de nuevas abejas. Cuando la reina encuentra cada vez menos celdas libres donde depositar los huevos, su ritmo de puesta disminuye y la colonia comienza a percibir una limitación de espacio en el núcleo de la colmena. Esta situación genera un desequilibrio en la dinámica interna de la colonia y puede activar el impulso de enjambrazón, ya que las abejas interpretan que la colmena ha alcanzado su capacidad máxima.
- Abundancia de recursos
En años con buenas floraciones y abundancia de néctar, las colonias crecen muy rápido y la enjambrazón es más frecuente.
- Edad de la reina
Las reinas viejas suelen tener mayor tendencia a provocar procesos de enjambrazón que las reinas jóvenes. A medida que la reina envejece —normalmente a partir del segundo o tercer año— su capacidad de puesta disminuye y también se reduce la producción de feromonas reales, que son las sustancias químicas que mantienen la cohesión y el equilibrio dentro de la colonia.
Estas feromonas cumplen una función fundamental: inhiben el desarrollo de nuevas reinas y regulan el comportamiento de las obreras. Cuando la cantidad de feromona que emite la reina disminuye, las abejas perciben que la colonia necesita renovarse. Como respuesta, comienzan a construir celdas reales para criar nuevas reinas, lo que puede desencadenar un proceso de reemplazo de la reina o favorecer el impulso de enjambrazón.
- Mala ventilación
La falta de ventilación o exceso de temperatura en la colmena también favorece el impulso enjambrador.
Cuándo ocurre la enjambrazón
En Asturias la enjambrazón suele producirse:
- abril
- mayo
- junio
Coincide con el momento de mayor crecimiento de la colonia y con las primeras floraciones importantes.
En zonas de costa suele adelantarse ligeramente respecto a zonas de montaña.
Signos de que una colmena va a enjambrar
Un apicultor con experiencia puede reconocer con bastante antelación cuándo una colmena comienza a prepararse para la enjambrazón, ya que la colonia suele mostrar una serie de señales claras en su comportamiento y en la estructura interna de la colmena.
Uno de los indicios más evidentes es la construcción de celdas reales, que las abejas suelen levantar en los bordes inferiores o laterales de los cuadros. Estas celdas especiales están destinadas a criar nuevas reinas y suelen aparecer cuando la colonia se prepara para dividirse.
Al mismo tiempo, es frecuente observar que la reina reduce su ritmo de puesta, ya que antes de la enjambrazón su actividad reproductiva disminuye de forma progresiva. Paralelamente, la población de la colmena suele alcanzar niveles muy altos, con una gran cantidad de abejas ocupando los cuadros y el interior de la caja, lo que contribuye a generar una sensación de saturación dentro de la colonia.
Este aumento de población también se refleja en el comportamiento exterior: en la piquera puede apreciarse una actividad intensa y cierta inquietud entre las abejas, con mayor movimiento del habitual y acumulaciones de individuos en la entrada. En jornadas especialmente cálidas o cuando la colmena está muy poblada, incluso puede observarse la formación de barbas de abejas colgadas en el exterior de la colmena, un comportamiento que, aunque a veces responde simplemente a necesidades de ventilación, también puede indicar que la colonia se encuentra muy poblada y en fase previa a la enjambrazón.
En conjunto, todos estos signos permiten al apicultor anticiparse y aplicar medidas de manejo que ayuden a evitar o controlar el proceso de enjambrazón.
Cómo prevenir la enjambrazón
La prevención es, sin duda, la herramienta más eficaz para evitar la enjambrazón y mantener colonias fuertes y productivas. En apicultura, anticiparse al comportamiento natural de las abejas es una parte esencial del manejo del colmenar. Cuando una colonia encuentra espacio suficiente, una reina joven y un equilibrio adecuado entre población y cría, la tendencia a enjambrar disminuye considerablemente. Por eso, la vigilancia del colmenar durante la primavera resulta fundamental, ya que es en este periodo cuando las colonias crecen con mayor rapidez.
Uno de los aspectos más importantes para prevenir la enjambrazón es garantizar que la colmena disponga siempre de espacio suficiente para desarrollarse. A medida que la población aumenta y la actividad de pecoreo se intensifica, las abejas empiezan a almacenar néctar y polen con mayor rapidez. Si el apicultor no amplía la colmena a tiempo, el espacio disponible se reduce y se genera una sensación de saturación dentro del nido. Para evitarlo, es recomendable añadir alzas o introducir cuadros vacíos cuando la colonia comienza a ocupar la mayor parte de los cuadros del cuerpo de cría. De esta forma, se facilita tanto el almacenamiento de miel como la continuidad de la puesta de la reina.
Otro factor clave es la renovación periódica de las reinas. Las reinas jóvenes suelen mantener un ritmo de puesta más elevado y producen mayores cantidades de feromonas, lo que ayuda a mantener la estabilidad de la colonia. Por el contrario, cuando una reina envejece, su capacidad reproductiva disminuye y también lo hace su influencia química sobre las obreras. Esto puede favorecer la aparición del impulso enjambrador. Por esta razón, muchos apicultores sustituyen sus reinas cada uno o dos años, buscando colonias más equilibradas y con menor tendencia a dividirse de forma natural.
El manejo del nido de cría también desempeña un papel fundamental en la prevención. Cuando las abejas empiezan a llenar con miel o polen las celdillas que deberían destinarse a la cría, la reina encuentra cada vez menos espacio donde poner huevos. Este bloqueo del nido genera un desequilibrio en la dinámica de la colonia y favorece la preparación de la enjambrazón. El apicultor debe vigilar este aspecto y asegurarse de que siempre haya cuadros disponibles para la puesta, evitando que el área de cría quede saturada.
Una práctica muy habitual para aliviar la presión poblacional es la formación de núcleos. Consiste en retirar algunos cuadros de cría junto con las abejas que los cubren y utilizarlos para formar una nueva colonia. Esta técnica permite reducir la densidad de abejas en la colmena original y, al mismo tiempo, aprovechar el crecimiento de la colonia para aumentar el número de colmenas del colmenar. Además, contribuye a mantener un equilibrio interno que disminuye la probabilidad de enjambrazón.
Las revisiones periódicas del colmenar son igualmente importantes. Durante la primavera conviene inspeccionar las colmenas con cierta frecuencia para comprobar su evolución y detectar posibles signos de preparación para la enjambrazón. Estas revisiones permiten observar el estado del nido de cría, la presencia de celdas reales y el nivel de población, facilitando la toma de decisiones antes de que la colonia llegue al punto de dividirse.
Por último, la selección genética también influye en el comportamiento de las colonias. Algunas líneas de abejas presentan mayor tendencia a enjambrar que otras. Trabajar con reinas procedentes de colonias equilibradas, productivas y con menor impulso enjambrador puede ayudar a mantener un colmenar más estable y fácil de manejar.
Técnicas para controlar la enjambrazón
A pesar de las medidas preventivas, en ocasiones la colonia comienza igualmente a mostrar signos claros de preparación para la enjambrazón. Cuando esto ocurre, el apicultor todavía puede aplicar distintas técnicas de manejo destinadas a reducir ese impulso y mantener la colonia bajo control. Estas intervenciones buscan modificar la dinámica interna de la colmena, disminuyendo la presión poblacional o alterando las condiciones que favorecen la salida del enjambre.
Una de las actuaciones más habituales consiste en eliminar las celdas reales que las abejas han construido para criar nuevas reinas. Estas celdas suelen encontrarse en los bordes inferiores de los cuadros y su presencia indica que la colonia se prepara para dividirse. Al retirarlas se interrumpe temporalmente el proceso, aunque esta solución requiere vigilancia y revisiones posteriores, ya que las abejas pueden volver a construir nuevas celdas si las condiciones que originaron el impulso enjambrador continúan presentes.
Otra técnica muy utilizada es la división de la colonia. En este caso el apicultor separa la colmena en dos unidades distintas, repartiendo cuadros de cría, abejas y reservas entre ambas. De esta manera se reduce la densidad de población en la colmena original y se crea una nueva colonia que puede desarrollarse de forma independiente. Este método no solo permite controlar la enjambrazón, sino que también resulta útil para aumentar el número de colmenas del colmenar.
En la apicultura más técnica también se emplea el método Demaree, un sistema que busca mantener la colonia unida pero separando estratégicamente a la reina del resto de la cría. Mediante el uso de alzas y excluidores se reorganiza la estructura de la colmena, de forma que la reina continúa con su puesta mientras gran parte de la cría y de las abejas nodrizas quedan en otra zona de la colmena. Este procedimiento modifica la dinámica interna de la colonia y ayuda a reducir el impulso enjambrador sin perder la fuerza productiva de la colmena.
Otra práctica frecuente consiste en retirar cuadros de cría operculada junto con las abejas que los cubren para formar núcleos. Esta técnica reduce la presión de población dentro de la colmena principal y permite aprovechar el exceso de abejas para crear nuevas colonias. Al disminuir la densidad de abejas y aumentar el espacio disponible en el nido de cría, el impulso de enjambrazón suele reducirse de forma significativa.
En definitiva, el control de la enjambrazón forma parte del manejo habitual del colmenar. La combinación de prevención, observación y aplicación de técnicas adecuadas permite mantener colonias equilibradas y productivas, evitando pérdidas de población y aprovechando al máximo el potencial de las abejas durante la temporada apícola.
Qué hacer cuando la colmena ya ha enjambrazado
Aunque la salida del enjambre pueda parecer un problema irreparable, aún existen medidas que el apicultor puede tomar para recuperar parte de la población y mantener el colmenar en buenas condiciones. El primer paso consiste en capturar el enjambre, especialmente si este se ha posado cerca de la colmena original o en algún lugar accesible. Para ello se coloca una caja o núcleo vacío justo debajo del enjambre y, con cuidado, se sacuden las abejas dentro de la caja. Una vez recogidas, se cierra la caja y se traslada al colmenar, asegurándose de hacerlo preferentemente al atardecer, cuando la mayoría de las abejas están agrupadas y la operación es más sencilla y segura.
Paralelamente, es fundamental revisar la colmena original, ya que tras la salida del enjambre queda debilitada y con posibles celdas reales preparadas para futuras reinas. El apicultor debe comprobar cuántas celdas reales quedan y eliminar las sobrantes, dejando normalmente solo una o dos para asegurar la correcta renovación de la reina sin que se genere un nuevo enjambre. Este cuidado evita que la colonia quede desorganizada o que surjan conflictos internos entre las futuras reinas.
Una vez aplicada esta revisión, la colmena original comenzará a criar una nueva reina, un proceso que puede tardar varias semanas hasta que la nueva reina alcance la madurez, sea fecundada y comience a poner de nuevo. Durante este período, el manejo del colmenar requiere atención especial: se debe vigilar la alimentación, la temperatura y el equilibrio poblacional para ayudar a la colonia a recuperarse y consolidarse. Con estas medidas, incluso después de que la colonia haya enjambrazado, es posible restablecer su fuerza y mantener la productividad, aprovechando la oportunidad para reforzar el colmenar y gestionar correctamente la dinámica interna de las abejas.
En conclusión, la enjambrazón es un fenómeno natural y esperado en la vida de las abejas, pero para los apicultores representa un desafío que requiere atención, planificación y manejo cuidadoso. Conocer las causas, reconocer los signos tempranos y aplicar técnicas preventivas permite mantener colonias fuertes, equilibradas y productivas, reduciendo la pérdida de población y asegurando la continuidad de la actividad apícola.
Asimismo, incluso cuando la colmena ya ha enjambrazado, la intervención rápida y adecuada —capturando enjambres, revisando celdas reales y gestionando la llegada de una nueva reina— permite recuperar la fuerza de la colonia y minimizar los impactos negativos. La combinación de prevención, observación y técnicas de control no solo protege la producción de miel, sino que también fomenta el bienestar de las abejas y la estabilidad del colmenar.
Para los apicultores asturianos y de cualquier región, entender y gestionar la enjambrazón es clave para lograr un colmenar sostenible, productivo y preparado para enfrentar los desafíos propios de cada temporada, convirtiendo un comportamiento natural de las abejas en una oportunidad de aprendizaje y mejora constante en la apicultura.

